El Pueblo

 

 

 

Si es cierto que, como escribió Antoine de Saint Exupery, sólo vemos bien con el corazón, puesto que aquello que es esencial es invisible a los ojos, existen cosas que sin contradecir el aforismo, lo matizan de forma diríamos que suficiente. Quizás unas vacaciones, cortas o largas, en una casa rural de Banyeres del Penedés no sean esenciales, no aspiramos a tanto, pero sí convenientes. No es una opinión de ahora, de hoy mismo, sino que tenemos pruebas sobradas de hasta que punto Banyeres ha sido desde siempre un lugar escogido, apreciado para los asentamientos humanos. Desde la necrópolis descubierta en 1960 correspondiente a los siglos IV - V AC, hasta el yacimiento ibérico del siglo III AC, pasando por los restos ibéricoromanos y romanos existentes en la población, los hechos lo vienen demostrando.
 

El pueblo, situado sobre una colina que preside una zona que, a pesar de la proximidad de las sierras, es llana, ondulada y plantada de viñedos, contiene en su término edificios singulares y masías notables, así como entidades culturales como el Museo Josep Cañas, dedicado a la obra de este importante escultor y dibujante, cosmopolita hijo de la localidad. Cerca de los servicios que se ofrecen, la presencia de cadenciosas palmeras ponen un deje de sabor ultramarino, testigo de la capacidad de sus habitantes para no encerrarse en sí mismos y volar por el mundo con algo más que la imaginación. La bondad de las comunicaciones lo hace especialmente adecuado para hacer en el mismo una agradable estancia en contacto con la naturaleza, específicamente con el medio rural, mientras permite desarrollar desde allí una serie importante de actividades turísticas de primer orden, aparte de las estrictamente locales.
 

Son de interés los restos del Castillo de Banyeres, aunque actualmente sólo queda en pie una torre medio derruida, de planta circular, con sillerías irregulares, de unos doce metros de altura. Aparece nombrada ya en el año 938 como la Torre de la Guardia de Banyeres, cuyos derechos los ostentó el Monasterio de Sant Cugat. Esa zona concreta del Penedés, antigua marca fronteriza del condado de Barcelona, fue objeto de disputa en tiempos de la reconquista. Nadie se resignaba a perderla.
 

La ermita de Santa María del Priorat, cuya construcción tuvo en sus orígenes una sola nave de estilo románico, a la que se añadió posteriormente otra nave con seis ábsides en la época de transición al gótico. En el interior cabe destacar un sarcófago de piedra, construido en diferentes estilos, desde el pre-románico hasta el gótico. En el interior hay restos que podrían pertenecer a los antiguos priores. El sagrario es de estilo gótico. También son muy interesantes la sillería de piedra y las baldosas del suelo. La ermita es el último vestigio del antiguo priorato benedictino, situado en este paraje.
 

La Iglesia Parroquial de Santa Eulalia, construida a finales del siglo XVII en sustitución de la antigua, está situada cerca del castillo y aparece mencionada por primera vez en el año 1054.
 

Existen, también, diversas masías notables diseminadas por el término: La Garita Vella, Mas Roig, Casa Roja, Corral d'en Beina, Casa Murada, Can Canyís, ...
 

Si se habla de Banyeres, no podemos omitir hablar de "l'Om", árbol centenario, situado en la plaza, a la cual da el nombre.

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